Ciertamente como seres humanos debemos pensar que nuestro corto pasar por este mundo terrenal, lleno de desafíos y vicisitudes, tiene una razón mucho más allá del concebimiento maternal mismo. Hemos llegado hasta aquí no para aventurarnos en una simple carrera de cumplimiento de etapas de crecimiento, desarrollo y reproductividad como alguna vez lo aprendimos en biología, sino que cada uno tiene un propósito, nos planteamos metas, queremos lograrlas, nos caemos y volvemos a intentarlo. Hemos sido acondicionados para ello. Que triste sería si aquella magnifica hazaña de haber logrado fecundar ese óvulo entre otros millones, que tenían la misma posibilidad que el de nosotros, hubiera sido en vano y nuestra vida no hubiese dejado ni la más mínima huella de un sendero que por cierto nada fácil es de recorrer.
Vuelvo a insistir, todas estas etapas que forman parte de un algoritmo preestablecido no tendrían ningún sentido en su esencia si no se complementa con el desarrollo de un espíritu que es el que realmente nos hace poseer el valor de persona.
Nos hemos maravillado escuchando las historias de hombres innovadores y audaces que han trascendido, que han logrado llegar a lo más alto a base de trabajo y constancia. Que no sólo fueron capaces de lograr una fortuna notable, sino también se enriquecieron en conocimiento y capacidades, y lo más importante hoy siguen enriqueciendo a miles de personas que con su ejemplo impulsan las ambiciones de ser exitosos en lo que somos y hacemos.
La vida es ahora, se acorta y no podemos ni debemos desaprovecharla, cada día somos invitados a crear, aventurar y probar nuevos caminos permitiendo cumplir nuestros objetivos.
Hoy estamos construyendo esa parte que en los libros científicos no se especifican, esa parte que esta en lo más intimo del espíritu humano, el de ser cada día mejores.
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