Siempre he reflexionado sobre la importancia que nuestros padres tienen en nuestras vidas. Son quizás nuestro mayor soporte y nuestra imagen para siempre ir mejorando las cosas que realizamos. A ellos, explícita o implícitamente, les "rendimos cuentas", no en el sentido de dar informaciones constantes de nuestros actos, sino en responder como estudiantes, trabajadores o más bien como personas.
En la vida nos enfrentamos a una serie de dificultades que nos obstruyen para emprender y cumplir objetivos, y una de ellas es el fallecimiento de los padres, o bien, alguna enfermedad o complicación grave que tengan que nos quite la concentración. No es una experiencia que me haya tocado vivir como tal, pero sí es algo que he visto en personas cercanas y me gustaría rescatar una suerte de moraleja en el asunto. Son tres casos simples y muy breves a los que me referiré.
El primero de ellos data de 1997, cuando cursaba séptimo básico, y un compañero, muy cercano sufrió el fallecimiento de su padre producto de un cáncer detectado el día de Navidad. Se encontraba entrando a la adolescencia, por lo que el golpe fue duro, su carácter cambió hasta el día de hoy, con atisbos incluso de violencia. A veces mencionaba que aún sentía el olor del perfume que su padre usaba en las dependencias de su hogar. A mi gusto, la experiencia no le permitió potenciar sus habilidades debido a la desazón y al apoyo que debía brindar casi como un padre a sus hermanos menores. Sin embargo, decidió abandonar su ciudad, La Serena, para estudiar en Valparaíso y hoy está a punto de terminar su carrera: kiniesiología.
El segundo y tercer caso son casos que los aprecié a la distancia, puesto que ocurrieron recientemente en La Serena, estando yo en Valparaíso. Uno de mis amigos perdió a su madre producto, según entiendo, de un aneurisma. Ella era su gran apoyo según recuerdo de la etapa escolar y hasta el día de hoy está con depresión, sin embargo, está a punto de terminar ingeniería civil mecánica.
El tercer y último corresponde a uno de mis mejores amigos, el cual perdió a su padre producto de un de cáncer, no recuerdo a qué órgano, pero él estuvo todo el tiempo mientras duró la enfermedad asistiéndolo en las limpiezas de vómitos cruentos y observando la evolución hasta su deceso. No ha tenido problemas para asumir dicha experiencia, siendo hoy un respetable hombre de familia con dos hijos. Estudió comunicaciones públicas y trabaja paralelamente en una actividad que a él le agrada en demasía relacionada con astronomía.
Como mencioné en un principio, quiero resaltar una suerte de moraleja. La situación comentada es en extremo común, todas las personas pueden perder a ssu padres en algún momento de sus vidas, o a cualquier ser querido, sin embargo se debe saber salir del "bajón" anímico que ello produce para poder emprender las cosas que deseamos, terminar nuestros estudios y disfrutar sin temor al fracaso, que también nos ayuda a aprender. El punto está en saber convertir las debilidades en fortalezas y que se conviertan en "experiencias de vida", no en cargas mentales.













Me
Me pareció interesante tu tema, y los ejemplos expuestos...
Una gran cualidad del emprendedor es la de aprender de los errores, fracasos y traspiés. Pero además sufrir la muerte de un ser querido y salir adelante... lo hace un superman :)