Nunca estamos sólos

Enviado por michellegallo el 15/06/2008 a las 19:12

Hace unos años atras me sentía sola y ese sentimiento me hizo caer en una gran sensacion de tristesa de la cual no podia salir. Era atroz, el sentirme sola me llevó a aislarme cada vez mas del mundo y las personas que me rodeaban, y me impedía vivir mi vida de manera productiva y alegre. Ese fu el momento en que escribí un pequeño cuento que nunca he mostrado a nadie hasta ahora...  A continuacion se los escribo:


Caminaba sobre los rieles cuando la ví, sola, sentada sobre una roca frente al mar. Parecía concentrada, por lo que simplemente caminé por su lado sin decir palabra. Había caminado unos metros cuando sentí su mano en mi hombro, la mire y la acompañé donde ella estaba. Poseía una mirada dulce, profunda, sincera pero ciertamente triste. Me senté junto a ella y pasamos cerca de una hora en silencio, sólo miramos el mar.
Fue extraño, a pesar de lo incomodo que pueden resultar los silencios entre dos personas y más aún si son dos desconocidos, jamás me había sentido tan cómoda y tranquila en mi vida. Luego de un rato nos miramos, nos miramos fijamente a los ojos y con sólo eso me sentí escuchada. Sentí la fuerte necesidad de contarle lo que me ocurría, lo que sentía, en fin, lo que me tenía caminando sola por los rieles.
Era ese sentimiento de soledad que me acompañaba en mi vida desde que tengo uso de razón. No sé el por qué, pero siempre he tenido ese miedo incombatible de quedar sola, o peor, darme cuenta que lo estoy.
Se desató un largo monologo en el cual logré expresar hasta mis más profundos y ocultos sentimientos. Ella sólo me miraba con ojos llenos de comprensión y entendimiento, parecía atrapar cada palabra que salía de mi boca y transformarlas en emociones que brillaban en sus ojos como luceros. Parecía que podía seguir hablando por horas, y que ella simplemente escucharía sin marcharse o emitir juicio alguno, pero en vez de seguir con aquel interminable monologo simplemente callé y la miré más fijo que nunca.
Allí junto al mar y bajo aquel cielo estrellado ví la respuesta en sus ojos, y en el preciso instante en que ví esa respuesta ella desapareció, sólo desapareció. Me encontraba sola en esa roca, y siempre lo había estado. Ella no era otra persona, sino que era mi mente, mi inconsciente, simplemente yo.
La respuesta era tan clara, estuve tanto tiempo sintiéndome sola sin saber por qué. Siempre creí que era el haberme alejado del mundo, cuando en realidad fue el haberme abandonado a mi misma. Hallí me di cuenta que a quien siempre necesité fue a mí, mi propio apoyo, mi propia aceptación, quererme.
En aquellos rieles viví el momento más significativo de mi vida, el momento en el cual logré encontrarme, o más bien reencontrarme. Por primera vez logré escucharme y entenderme como nunca antes lo había hecho, y se sentía bien.
Aquella agonía, aquel maldito sentimiento de soledad me había abandonado, y esta vez para siempre.

 

Este pequeño cuento (quiza mal escrito y todo), refleja o quiere reflejar lo importante que es estar siempre conectados y comunicados con nosotros mismos. Es como dicen que para poder amar a otros debemos amarnos nosotros primero... Para estar con otros primero debemos estar con nosotros mismos. El no conocernos puede llevarnos a llevar una vida que no sea la ideal para lo que quermos y nos puede impedir alcanzar nuestras metas personales y laborales...

 

 

                          

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